Por Mariely Alexandra Valero / Heroínas sin Barrera
No quisiera generalizar ni sonar tan lapidaria con esta premisa inicial (aunque sospecho que así suena), pero es que tengo la urgente necesidad de expresar un sentir que me ha estado punzando desde hace tiempo, es una piedrita en el zapato que no me va a dejar de incomodar hasta que no me la saque, y me la voy a sacar, sacudiéndome y batiendo mis tacones… ¡porque sí! ¡Además me encantan los tacones!
Y a lo mejor eso de los tacones como que no viene a cuento, y hasta suena un tanto banal, pero es que se supone que una “cieguita” no puede caminar con ellos porque se puede caer… ¿verdad? ¡Ah! ¡Pero qué falta de delicadeza la mía…! ¿Cómo no me voy a presentar después de este cuestionamiento tan personal y “quizás” injusto hacia mis congéneres feministas…?
Resulta que soy periodista, mamá y mujer con discapacidad visual, lo cual supone vivir a ciegas y andar por el mundo con un bastón de rastreo (o como le llamaría una sifrina de la universidad donde estudié) “un palo gueatóreo”… Así que ando con mi palo guiatorio, con unos lentes no negros sino violetas, rastreando y buscando dónde es que se ubica la mujer con discapacidad dentro del movimiento feminista en Venezuela. Pero no la encuentro, no la ubico, ¿será porque no puedo ver? Ojalá, pero no, al parecer no somos visibles, no estamos incluidas.
He de confesar que cuando comencé a transitar por los lares del feminismo, tenía la convicción de que me encontraría con mujeres que sabrían mirar más allá de mi bastón, más allá de mi ceguera sensorial, que entenderían que para avanzar no hace falta caminar, que para escuchar, no hace falta oír, y que para observar, no es del todo necesario ver a través de los ojos, sino de la intuición, del sentir, del pensar…
Por entonces estaba “ciegamente” convencida de que por ser ustedes feministas, sabrían mirarnos distinto al infame estereotipo que el sistema patriarcal muestra de nosotras; que comprenderían que más allá de una discapacidad física, sensorial e incluso intelectual, entenderían que tenemos aportes que ofrecer al movimiento. ¿Y saben por qué?: porque resulta ser que la discapacidad, ¡no suprime nuestra valiosa condición de mujeres!
Así que todas las demandas del feminismo (y otras particulares por nuestra condición) también nos aluden, pero de una manera más cruda, más dolorosa, más terrible… y no se trata de victimizarnos aún más, sino de dar una justa dimensión a nuestra lucha dentro del feminismo, y si hubiese un escalafón de discriminación, (que probablemente exista) las niñas y mujeres con discapacidad ocuparíamos tristemente el primer lugar en el rango de las más discriminadas.
Entonces, a las que se sienten discriminadas por ser mujeres, “y de paso feministas” ¿son las que nos discriminan a nosotras por tener discapacidad? esto puede que suene impertinente, incómodo y paradójico. Pero esta ha sido una realidad con la que me he tropezado en muchas ocasiones dentro del movimiento, y no se trata de hacer juicios ni señalamientos, pero sí de alzar la voz, en nombre de la mujer con discapacidad y aquellas que tienen a su cargo personas con discapacidad, en el marco del día internacional de la mujer, para que se nos incluya y se nos permita ser parte activa de una lucha que también es nuestra, que también nos pertenece.
Y seguramente habrá quien se pregunte: pero… “¿A qué se refiere ella cuando dice que nosotras discriminamos?”: permítanme responder que desde mi “punto de vista”: el silencio nos discrimina, la falta de información sobre nuestra realidad, nos discrimina, la ausencia de intérprete de lengua de señas en cualquier tipo de actividad virtual o presencial feminista, nos discrimina, la falta de adecuación de espacios que nos permitan ser parte activa de sus eventos, nos discrimina; entre muchos otros etc., etc.….
Pero aquí debo frenar el tac, tac de mis tacones para reconocer que si bien es cierto que hasta hace nada lo que expreso había sido generalmente así, también es cierto que felizmente en este mes de la mujer, marzo 2021, fuimos convocadas para ser parte de “TODAS VENEZUELA”, un gran evento, virtualmente violeta, en el que se nos reconoció y se sumó nuestra voz entre muchas otras, de distintos matices y colores, para entretejer juntas un gran tapiz que pone de relieve las particularidades, demandas y reivindicaciones de cada grupo de mujeres. Además se nos ha incluído en una magnífica campaña (que no puedo sino aplaudir por lo bien hecho que está todo el concepto creativo) realizado por el Fondo de Población de Naciones Unidas, junto a MINMUJER, en la que se aborda la violencia de género y el embarazo temprano.
Y no es que antes de esto no hayan existido grandes mujeres libres de prejuicios, y que además siguen alzando su voz en pro de nuestra lucha, ni es que no haya alguna que otra mínima mención escrita por allí referente a nosotras, pero les aseguro que en Venezuela (y seguramente en el resto de América y el mundo) no es lo que abunda.
Antes de despedirme y concluir mi taconeo literario, quiero disculparme por si acaso se resintió por allí alguna sensibilidad, además de decir que se entiende (más no se justifica) que cualquier situación de discriminación, muchas veces es producto del desconocimiento sobre el tema discapacidad.
Y como saben ustedes, mis “cultivadas violetas”; de vez en cuando es necesario y hace falta, un sacudoncito para que se comience a notar aquello que antes pasaba desapercibido ¿verdad?, Porque a veces, “como que mucha gente que ve, no ve”…
Por eso es tan necesario aprender a mirar en vez de ver, a escuchar en vez de oír, y no necesariamente con los sentidos, sino con el corazón, con un corazón bien violeta, bien púrpura.
Ahora si me despido (ya sueno cual despedida de enamorada) agradeciendo infinitamente (en nombre de todas porque somos muchas) la sororidad de otras nobles compañeras libres de prejuicios, que han sido unas magníficas aliadas para que nuestra voz se comience a escuchar, y podamos continuar forjando un lugar dentro de la lucha como mujeres feministas con discapacidad.
Estamos seguras que se seguirán sumando más y más aliadas, por lo que “invitamos a que nos inviten” a contarles sobre nuestras particularidades, nuestros aportes, nuestras propuestas y mucho más de lo que verdaderamente somos.
Así que ¡vamos mujeres! ¡Rompan etiquetas porque somos una más!
¡Somos Heroínas sin barreras!
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