Preguntémonos, por ejemplo, cuánto implicaría en erogación de dinero si en el hogar hubiese que pagarle a un tercero por limpiar, cocinar, lavar, o si hubiese que contratar a una enfermera para cuidar de los enfermos o de las personas con alguna discapacidad, o a una maestra para supervisar las tareas de los niños en el hogar.
Preguntémonos también, cuánto debería pagarse si en lugar de contratar a un tercero para que preste el servicio dentro del hogar, hubiese que buscar y pagar dicha prestación en el mercado de bienes y servicios, por ejemplo, comprar comida para llevar al hogar, contratar una guardería para el cuidado de los niños, llevar la ropa, toda, a la lavandería, un asilo para los abuelitos.
Todas estas tareas que se realizan dentro del hogar, tanto por mujeres como por hombres, son trabajo en la medida en que pueden ser o delegadas y, a la vez, remuneradas a terceras personas para que las realicen dentro del hogar; o simplemente adquiridas y pagadas en los mercados de bienes y servicios fuera del hogar. El detalle es que histórica y universalmente, somos las mujeres las que, en su gran mayoría, realizamos estas tareas. Pero además lo hacemos con profundo amor, responsabilidad, compromiso y dedicación.
Un grupo de mujeres y de hombres fuimos invitados por María León, actual presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de la Mujer de la Asamblea Nacional Constituyente, para cuantificar el aporte del trabajo de la mujer venezolana a la economía nacional. Estos son los resultados:




