Aportes feministas para la construcción de paz

Por: Rebeca E. Madriz Franco

En un mundo signado por escenarios conflictivos que amenazan escalar hacia una confrontación directa, cobra importancia la construcción y
promoción de una cultura de paz feminista. La tradición pacifista de este movimiento, vinculado a la lucha contra la guerra, por erradicar las violencias y desigualdades de género, da al movimiento de mujeres una autoridad moral y un potencial transformador como fuerza social y política, para erigirse como motor catalizador de una cultura que resignifique positivamente las diferencias, y base sus valores, formas de relacionamiento y gestión de los conflictos, en el diálogo, el respeto y el entendimiento.

Introducción
Actualmente, las diversas crisis que atraviesa el mundo, y que tiene expresiones concretas en nuestro país, se conjugan para incrementar los escenarios conflictivos que amenazan cada vez más con su escalamiento e intensificación. Las formas de violencia, estructurales y culturales, generan escenarios de conflictividad latentes que amenazan la paz mundial frente a una posible confrontación bélica directa; por lo que,
en el afianzamiento de este contexto, cobra importancia extraordinaria el debate sobre la construcción y promoción de una cultura de paz feminista.


El movimiento feminista de mujeres contempla una tradición de más de cien años de lucha por la paz ya que, desde finales del siglo XIX, comprendió la relación intrínseca entre la dominación masculina y patriarcal con las formas violentas y guerreristas de ejercicio del poder. Esto permitió a este movimiento político y social entender tempranamente, la existencia de lo que hoy pudiésemos denominar la matriz patriarcal de las violencias, que se constituye en la base de la violencia general, y en las diversas formas de violencia contra las mujeres, basadas en un modelo de masculinidad, construido para el uso de la fuerza como mecanismo de poder y control, y de feminidad, construido para la sumisión. De hecho, para Raquel Osborne (2009) “la guerra, se constituye en uno de los últimos bastiones de la masculinidad” (p.161).


Frente a esto, los feminismos han impulsado desde hace décadas diversas iniciativas de construcción de paz, de elaboración e impulso de nuevas formas de cultura pacifista, atravesadas por la mirada feminista y los intereses de las mujeres, en función de la protección de la vida e integridad de las sociedades, el establecimiento de nuevas formas de relacionamiento entre las personas, y la deconstrucción del modelo hegemónico de masculinidad, que ha impuesto la fuerza y la violencia como recursos de sostenimiento del orden social patriarcal, así como un modelo de feminidad condicionado para la dominación.

 

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