Nuevas masculinidades en el cambio de época

Por Luis R. Delgado J.

Una aclaratoria necesaria
Cuando hablamos de nuevas masculinidades, hablamos de cambios históricos y culturales en la construcción de género de la identidad masculina, de los varones. Nos referimos a los comportamientos, actitudes y formas de ser de los varones en sociedad, y cómo estos varían en el tiempo como expresión de cambios estructurales que atraviesan las sociedades en su devenir histórico.

Los estudios de género y las masculinidades

Aun cuando los preceptos, lineamientos y condicionamientos de género, vienen siendo planteados de forma explícita e implícita, por los diversos sistemas mitológicos, religiosos, morales, filosóficos y éticos, durante miles de años, a lo largo y ancho del planeta, en el marco de las múltiples y disimiles culturas y modos de vida existentes, el estudio científico del sistema sexo-género, y por consiguiente de la masculinidad, es de reciente data, no más de 40 o 45 años.

Es en las últimas décadas, gracias al empuje del movimiento feminista, de las conquistas progresivas que en materia política, económica, y social alcanzan las mujeres organizadas, sumado al desarrollo de unas ciencias sociales críticas, que empieza a construirse un instrumental teórico-científico, que permite el estudio de las diversas formas de opresión y dominación que han sufrido las mujeres a los largo de la historia. Un análisis detallado y profundo de las diversas formas de expresión del Patriarcado.

Si bien es cierto, en gran medida los estudios de género, se enfocan preferentemente en los estudios de la mujer, siendo el género una categoría sociológica y antropológica que comprende los roles diferenciales de hombres y mujeres, de la masculinidad y la feminidad, el estudio del comportamiento de los varones viene siendo asumido progresivamente. Los estudios sobre las masculinidades, es una línea de investigación que integra a los estudios de género.

La masculinidad es una construcción histórica y cultural

Siendo la masculinidad la identidad de género asignada a los varones o a los machos homo sapiens, la misma constituye una construcción histórica y cultural, un constructo simbólico que ha variado en el tiempo y es variable de acuerdo a las múltiples culturas existentes. Las masculinidades en nuestros pueblos originarios variaba desde los grupos Caribes a los grupos Arawac; la masculinidad de la Roma imperial es distinta a la masculinidad de los italianos modernos; la masculinidad de la Atenas de Pericles es muy diferente a la masculinidad de los griegos contemporáneos. Es más, la masculinidad venezolana de inicios del siglo XX se ha transformado sustancialmente en relación a la Venezuela del siglo XXI, de hecho, hay ciertas variaciones en la masculinidad de acuerdo a la pertenencia a determinadas clases sociales.

Comportamientos, actitudes, formas de vestimenta, prácticas de higiene, prácticas sexuales, modo comportarse frente a las mujeres, a los niños y niñas, a la paternidad, han sufrido mutaciones a lo largo del tiempo. Es por ello, que lo correcto es hablar de Patriarcados o sistemas Patriarcales y no de una forma universal y única de Patriarcado, ya que la hegemonía masculina ha revestido diversas formas. Y por otro lado, esta plasticidad histórica y cultural, es la que nos permite entender que es plenamente posible construir una masculinidad alternativa que permita instituir una nueva sociedad con igualdad y equidad de género.

La masculinidad Patriarcal es hegemónica

Los estudios de género de los hombres, o las masculinidades, nos plantean un hecho inequívoco e indiscutible, las masculinidades atravesadas por mandatos Patriarcales, hasta ahora han sido hegemónicas. Es decir, las masculinidades que imperan en buena parte del mundo, las transversalizan lógicas y prácticas androcéntricas, misóginas, machistas, sexistas y heteronormativas.

Por lo tanto, son masculinidades que tienden a la reproducción de diversas formas de sometimiento, opresión, subordinación y explotación de las mujeres. Resulta interesante constatar que la feminidad hegemónica también reproduce las tramas y biopolíticas del Patriarcado.

El Patriarcado, como sistema, tiene en Venezuela sus raíces históricas fundamentales en el periodo colonial, es una herencia cultural producto de la conjunción de la cultura misógina greco-latina y la cultura misógina judeo-cristiana, proceso que se amalgamó durante la Edad Media, y tuvo en el catolicismo su principal sistema ideológico de justificación.

La masculinidad hegemónica Patriarcal asume que los hombres son los únicos sujetos sociales que pueden y tienen las condiciones para gobernar, pensar, comandar, gerenciar, liderar, pelear. Los hombres deben ser fuertes, competitivos, valientes, violentos. Mientras las mujeres deben ser obedientes, dóciles, débiles, pasivas, amables, sentimentales, maternales, sensuales e infantiles.

La igualdad y equidad de género requiere masculinidades alternativas

Ahora bien, en el proceso de construcción de una sociedad con plena igualdad y equidad de género, es imprescindible la emergencia de nuevas formas de masculinidad. Deben transformarse las actitudes de los hombres, tanto en el ámbito privado como en el público. En este orden de ideas, es menester el cuestionamiento y la deconstrucción de la masculinidad hegemónica Patriarcal, son necesarias prácticas igualitarias entre hombres y mujeres, donde estas últimas sean empoderadas, en función de corregir las profundas asimetrías heredadas.

Si bien es cierto, no todos los hombres reproducen de igual manera los estereotipos de género o comportamientos sexistas, no hay duda que todavía prevalecen formas de discriminación de las mujeres, micro-machismos ocultos que siguen haciendo daño, aun cuando hay avances jurídicos e institucionales.

Las masculinidad alternativa parte del reconocimiento de la dignidad de las mujeres como sujetos con plenos derechos, de reconocer en la población femenina las mismas capacidades y potencialidades para asumir cualquier tarea o rol social. La masculinidad alternativa trasciende y repudia las diversas formas de violencia intrafamiliar, frente a las mujeres, frente a los hijos e hijas. La nueva masculinidad modifica aspectos sustanciales de la paternidad, en función de un papel más activo y afectivo en el seno de la familia.

La otra masculinidad, posible y necesaria, entiende que las mujeres pueden y deben acceder a los diversos espacios de poder en igualdad de condiciones; que las mujeres también tienen las condiciones para gobernar, pensar, comandar, gerenciar, liderar y pelear.

Despatriarcalizar la sociedad, lograr la igualdad plena entre hombres y mujeres, no es asunto solo de mujeres, los hombres debemos participar. Renunciando a ciertos privilegios mezquinos, nos liberamos y crecemos. Una masculinidad alternativa es parte sustancial en la construcción del hombre nuevo.

Seamos nuevos hombres, y luchemos codo a codo con las mujeres para construir un mundo libre y con justicia social.